Hoy perdí a un ser queridose trataba de mi prometido.Era amante de las bicicletasy lo atropelló una camionetaPero vaya, qué ironía,era yo quien conducía.
Es la primera vez que estoy en esta calle; nunca en mi vida la había visto. Es la primera vez que manejo, también. No recuerdo que alguien me haya enseñado a hacerlo y es evidente que no soy muy buena haciéndolo: el camino está lleno de baches que simplemente no puedo evadir.
Está muy oscuro. Los faros emiten una luz demasiado pobre para esta oscuridad. Me pregunto si a estas horas de la noche aún hay gente transitando por aquí. Espero que no, pues no sería capaz de ver a nadie atravesándose en mi camino.
No sé cómo llegué aquí. No recuerdo en qué momento me subí a la camioneta. Tengo vagos recuerdos de gente que me advertía que no lo hiciera, que no manejara, que no me subiera. No sé cuándo fue eso, la verdad. Creo que llevo bastante tiempo metida aquí. ¿Horas? ¿Días? No tengo la menor idea. Y tampoco entiendo ni sé por qué estoy sola en este viaje. Seguramente más de una persona hubiera querido venir conmigo... ¿no?
Tengo un poco de miedo, pero la incertidumbre de no saber a dónde voy ni lo que va a pasar me emociona. ¿Quién sabe? A lo mejor vivo una de esas aventuras de película. O choco...
Como que el camino ya se hizo muy largo. ¿Y si me detengo un rato? Pero está demasiado solo por aquí... ¿y si me asaltan? No, mejor le sigo. Al menos esta cosa tiene radio... veamos qué suena a estas horas. Vaya... es música bastante buena. Me siento mejor. Con la música ya no estoy tan sola. ¡Oye, ésa me la sé! Me recuerda a la secundaria. Qué tiempos aquéllos...
El tiempo sigue corriendo. Sigo sin saber a dónde voy. No me siento más experta en esta cosa de la manejada. Ya me decía mi papá que no era seguro manejar de noche... Porque una vez lo dijo, ¿verdad? Ya no lo recuerdo... ¿Qué me pasa? ¿Acaso estoy soñando? Pero si así fuera tendría que ser un sueño hiperrealista, porque este frío y esta soledad pegan demasiado fuerte.
Sigue la calle empedrada. ¡En qué pésimo estado se encuentra! ¿Qué nadie puede hacer algo por reparar esos baches? Y eso que se la pasan dizque arreglando las calles. Menudo problema...
I close both locks below the window
I close both blinds and turn away
Sometimes solutions aren't so simple
Sometimes good-bye's the only waaaay, ooooh!
And the suuuun will set for youuuuu
The suuuun will set for youuuuuu!
And the shaaa...
¡DIOS!
Freno de golpe.
Atropellé a alguien. Era un hombre. Iba en bicicleta. Virgen Santa... Atropellé a alguien... No, por favor, Dios, no... Pero lo vi... se cruzó en mi camino... Fue tan rápido... Lo lancé lejos... no lo veo delante de mí. Oh, Dios, no... Por favor, por favor, por favor...
Estoy temblando... Tengo náuseas... Ni siquiera puedo llorar... Sólo quiero abrir la portezuela y vomitar en el empedrado. Pero tengo que asegurarme... Tal vez ni siquiera había nadie allí. Tal vez lo imaginé. Ya es tarde y el sueño nos puede jugar bromas bastante pesadas. Eso. Tiene que ser. Lo imaginé... Tengo que bajar a ver.
Soy una cobarde. No quiero bajar. La música, indiferente y pareciéndome de pronto fríamente monótona, continúa su curso desde la radio de la camioneta. Me da escalofríos; se burla de mi cobardía y debilidad. Tengo que hacerlo... Tengo que demostrarle a la radio que puedo hacerlo.
Abro la portezuela y bajo de la camioneta. Hace muchísimo frío. Cierro la portezuela. Las piedras lastiman la planta de mis pies. El viento helado pronuncia cortes finos en mis mejillas expuestas. Parece que el camino es más ancho de lo que pensé... no veo más alrededor que oscuridad; mis patéticos faros son lo único que me da una referencia. No oigo nada. Dios santo, ¿dónde diablos estoy? Ni un grillo, ni un auto. Nada. ¿Habrá casas por aquí? Maldición, qué frío...
Vamos, camina. Dios bendito, por favor, Dios, Dios, Dios... El corazón se me quiere salir por la boca. Las sienes me palpitan y me nublan la pobre visión que ya tengo. Las piernas me flaquean. La ridícula luz de los faros... ¿es eso una rueda de bicicleta? No, Dios, no...
Por favor... no... Es una bicicleta, tirada a pocos metros delante de mi automóvil. No la quiero tocar. No lo haré, de hecho.
¿Y el ciclista?
Dios... por favor... tengo que estar teniendo una pesadilla...
Camino un poco más allá... La luz es pobre, ¿es eso un cuerpo tirado? Lo es. El estómago se me revuelve... ¿estará muerto? Tengo que comprobarlo. Por Dios... ¿por qué estoy sola en esto? Papá... ¿si te llamo vendrías por mí? Pero ni siquiera sé dónde estoy... Seguramente tú sí sabes; tú sabes todo lo que te pregunto y siempre vas por mí a donde esté, así esté hasta casa Judas. Pero mi celular... ¿dónde está? ¿Lo dejé en casa? Dios... no, no quiero tener que revisar yo a ese cuerpo. Papá... papá, por Dios, ¿por qué no vienes a ver tú? Oh, Dios... ya estoy llorando. Lloro como la imbécil que maneja de noche sin saber manejar del todo bien que soy.
Me inclino sobre el cuerpo. No escucho nada. Mis sollozos pueden estar amortiguando cualquier otro ruido... ¿no? Tengo que tocarlo... Maldita sea, no quiero... Pero tengo que hacerlo. ¡Sé valiente, maldición! Toda la vida has sido una estúpida y una cobarde... enfrenta tus propios problemas... ten las faldas...
¡Ya madura!
Sí, papá... lo haré... Ya soy grande... Ya te dije que sí he madurado. Lo haré. Te lo contaré cuando vuelva y te admirarás de mí. Me dirás que ya estoy convirtiéndome en una mujer adulta de verdad. Me pedirás, entonces, que quite los pósters de animación japonesa de mi cuarto. Eso, ya te dije, no lo voy a hacer. La madurez no tiene nada qué ver con esas cosas.
Me arrodillo en el camino empedrado. La lógica me dice que por aquí debe haber civilización, si no, ¿quién empedró el camino? No importa. Tengo que tocar ese cuerpo. Lo toco. Es un brazo, en un ángulo raro y creo que doloroso. Trae una prenda de mangas largas; creo que es una sudadera. El cuerpo no se mueve. No veo bien. No sé si respira. No sé tomar el pulso. No sé encontrarlo en la yugular. En las películas parece tan fácil, pero yo no voy a tocarle el cuello. ¿Qué hago, papá? ¿Qué hago, hermano?
"Tienes que verle el rostro, saber si está herido de gravedad, llevarlo en la camioneta a un lugar donde lo puedan atender. ¡Pero rápido! ¿Qué tal si se está muriendo? ¡Hazlo ya!"
¿Lo subo a la camioneta? ¡No puedo cargar un cuerpo así nada más!
"Nunca has cargado un cuerpo, ¿cómo sabes que no puedes? No seas ridícula y apúrate, que mucha gente ha muerto porque otros perdieron el tiempo."
Está bien, está bien... Toco la superficie de este cuerpo... Es delgado pero se siente fuerte. ¿Practica deporte este hombre? Quién sabe, qué importa. Ubico los hombros y, como puedo, lo alzo un poco por las axilas. Pesa... pesa... Me va a salir una hernia.
Lo arrastro de nalgas, no sin espantosa dificultad. Qué debilucha soy. Ya me decían que hiciera más ejercicio. Lo giro un poco para poder rodear la bicicleta. Le doy una leve patada porque me estorba en mi camino a la camioneta. A mitad del recorrido, tengo que darme un respiro. Dejo descansar el cuerpo sobre las piedras pequeñas y lisas.
Estiro la espalda un poco y me truena algo abajo de la nuca. Al volver la vista al cuerpo, la luz de los faros lo ilumina por completo con horrenda claridad.
Oh, Dios, no...
Esto tiene que ser una pesadilla.
Me dejo caer de rodillas junto a él, impactando contra las piedras con dolorosa violencia. No puedo gritar. No puedo llorar más. No puedo hacer más que abrir los ojos en una mueca de espantosa sorpresa.
Tomo su cabeza con mórbida delicadeza y ella se cuelga a placer como si el cuello estuviera hecho de vil trapo. Sus ojos en blanco se quedan viendo al vacío. El horror... me invade...
Está muerto.